anteriores al 2016

Esa Agresividad Creciente

He visto con pavor como día a día la agresividad va creciendo en la gente. Pensé atribuirlo a que ahora estamos más hacinados, al menos en Santiago, pero esta teoría se me derrumbó cuando veo que lo mismo sucede en lugares nada de hacinados, como en áreas rurales.

Entendamos agresividad no como algo que implique agredir físicamente a otra persona. Agresividad es no respetar el espacio de otra persona, contaminar acústicamente o simplemente ser indiferente con el vecino. Se ha vuelto pasmosamente frecuente que la gente reaccione con pataletas de infante cuando las cosas no son a su pinta, y van por la vida simplemente haciendo lo que quieren, cuando quieren y cómo quieren, sin pensar o medir consecuencias o problemas que puedan ocasionar en su entorno.

Así como podemos ver esto en personas, también es posible extrapolarlo a empresas. No creo que sea posible ver cuántas empresas (o empresarios) operan permanentemente con este criterio, llorando miserias que no existen, para así justificar sus avaricias o para poder atropellar al prójimo diciendo que simplemente no lo vieron. Claro, se podría argumentar que si alguien no existe para mí no tendría por qué verlo, pero sin embargo esa existencia es real y no producto de la imaginación de alguien.

Más evidente se ha manifestado esta agresividad en nuestra clase política; en lugares que son la cuna de nuestra sana convivencia se vive de recriminaciones, dimes y diretes, y descalificaciones varias.

Ya se ha hablado acerca de la prepotencia. Otra tremenda forma de violencia es el silencio, así tal cual. Pero en el fondo creo que todo esto apunta a un creciente egoísmo, un gigantesco egoísmo impulsado por todos lados. Esto se impulsa desde la más tierna infancia donde es bien visto no compartir con alguien que tenga menos, donde siempre se desea ser “más” que el otro, donde todos quieren vivir más arriba y donde todo el resto importa un carajo mientras yo pueda llegar donde creo que merezco estar.

Podrán comprender que esto genera una agresividad y violencia crecientes. Por un lado por la frustración de no poder tener todo lo que se quiere o desea tener. Por no vivir donde quiero vivir. Por no ser lo suficientemente rubio. Por no tener ese auto alemán que me daría cierto estatus y asombraría a la gente cuando pase. Porque el vecino sí se las arregló para tener ese auto, producto de su esfuerzo en casos, en muchos otros producto de una enorme deuda, y unos pocos por la vía de haber robado de alguna forma para poder obtenerlo (¡¡porque era imprescindible tenerlo!!).

El problema es que se forma un espiral creciente de violencia, desenfado y agresividad que terminará quizás donde. Ya hemos vivido esto en épocas anteriores, y generalmente desemboca en dictaduras o guerras civiles, con una nación sangrando muchas décadas por esas heridas.

 

Quizás sea momento de sentarse a pensar en nuestros propios actos, quizás sólo estoy gritando bajo el agua, quizás sólo estoy perdiendo el tiempo. Cada uno sabrá en que tierra cae la semilla.

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