anteriores al 2016

Los agitadores de almas

Leyendo un prólogo de un libro de Papini me encontré con que su autor describía a Papini de esa forma, como un agitador de almas. Me quedó la frase en la cabeza y empezó a dar sentido con otras cosas. Es una frase potente, muy potente, que me remeció hasta el tuétano por muchas causas que describiré groseramente en este artículo.

¿Qué es un agitador de almas? Eso fue lo primero que me vino a la cabeza. Ciertamente no es un agitador social como los que hemos visto con pavorosa frecuencia en los últimos años, meses y días; tampoco es un agitador de conciencias. Esos sólo provocan confusión, desorden y lo usual (por no decir siempre) es que aportan poco o nada al progreso real. Este perfil de personajes que he mencionado actúa sobre la base del egoísmo, para satisfacer su propio ego y sentir el poder de controlar una masa. Como verán, eso es poco aporte puesto que su objetivo final es perverso. Son básicamente desechables y han demostrado sobradamente corresponder a esa categoría.

Podrán ver que se está definiendo lo que no es, método extraño puesto que se acostumbra definir las cosas por lo que son. Pues verán resulta muy difícil definir exactamente lo que sería un agitador de almas puesto que cada uno debe decidir quién podría corresponder a esa categoría puesto que no es fácil precisar que agita el alma de cada cual.

Ahora estamos en período de elecciones, con numerosos candidatos para puestos claves dentro de nuestra administración política y cada uno con visiones más dispares que el otro. Bonito ramillete de ideas y tendencias nos han puesto sobre la mesa. Algunos son repetidos, viejos actores y operadores políticos, otros representan una brisa fresca, un abrir la ventana y dejar que se ventile un poco el enrarecido hedor de la política nacional. Algunos proponen refundar nuestra república, otros ofrecen continuidad de un modelo que tarde o temprano nos estallará en la cara (si es que ya no está estallando), el grueso propone una suerte de mezcla entre continuidad y reforma con fuertes tintes de populismo.

No es mi rol juzgar a ninguno de ellos, las ideas son libres de ser pensadas y expresadas y obviamente todas merecen ser escuchadas y respetadas para llegar a un consenso. Consenso que desgraciadamente a nadie parece importarle, volviendo a la política “del que grita más fuerte”.

Quedan pocos días para enfrentarnos a la papeleta con los candidatos, es el trabajo de cada uno, si es que lo desea, votar en conciencia con el que considere que es un agitador de almas. Si no hubiera ninguno, nuestra abstención, votos nulos y blancos seguirá subiendo en forma alarmante, bajando la ya exigua representación ciudadana en las altas cúpulas políticas y aumentado dramáticamente la profunda brecha que ya tenemos entre política y ciudadanía.

 

Ahora, de tarea, sugiero empezar a buscar e identificar aquellos agitadores de almas de nuestras vidas; sólo procuren elegir bien porque los errores pueden ser catastróficos.

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