anteriores al 2016

Diálogo de sordos

El último tiempo he empezado a dilucidar un grave problema que nos afecta a como sociedad. Mucho hemos hablado acerca de los graves problemas éticos que nos afectan a todos por igual, empleados y empleadores, personas naturales y jurídicas, ricos y pobres, etc. También hemos repetido majaderamente que el problema es básicamente ético, para todos, no sólo para empresas y empresarios.

Ahora, ¿cómo acercar posiciones? No parece fácil. Los empresarios le quieren sacar el jugo a sus empresas, los empleados creen que como les sacan el jugo entonces tienen que aprovecharse de alguna forma, los proveedores creen que abusan de ellos y entonces hacen lo posible por tratar de ganar por algún lado. Y así ad infinitum.

Claramente estamos ante una situación perder-perder, de esas que los libros de texto indican expresamente que debemos evitar. Sin embargo estamos en eso, todos y cada uno de nosotros. Pero ¿es tan así? Posiblemente no. Cada día vemos ejemplos de empresarios comprometidos, de empleados comprometidos y de un entorno que intenta lo mejor no sólo para sí mismo, sino para todos. Desgraciadamente esos casos son pocos y además poco conocidos.

Entonces, ¿por dónde partimos? Porque por algo se empieza.

Ya he mencionado anteriormente que las empresas son personas, claro que muy especiales puesto que no tienen cuerpo y pueden vivir muchísimos más años que una persona natural. Sin duda esa es una diferencia importante. Como no tienen cuerpo tampoco pueden ir a la cárcel, ni algún inconforme con su existencia podría darles un balazo para que dejen de existir. Como verán, son personas muy raras. También pasa que, como no tienen “conciencia” ni pueden sentir culpa, su alma está supeditada a la de sus administradores. Si ellos son buenos, la empresa es buena (en términos no económicos), si los administradores son malos, pues ya se imaginarán. En forma análoga tendremos la situación de las personas, con las obvias diferencias, claro.

Verán que aún no empiezo a solucionar el embrollo en el que nos metimos ni he acercado posiciones. Pues les aclaro que esto no será fácil y posiblemente no lleguemos a nada, pero hagamos el ejercicio. Será interesante ver qué podemos concluir.

El principal problema vendría siendo quién da el primer paso. Ese paso es siempre el más difícil, cómo quien depone las armas para terminar una guerra. Quizás lo más esperable sería que las empresas, especialmente las más grandes y poderosas, esas que finalmente rigen los destinos de los países, trabajen en tener sólidos códigos de ética orientados al Bien Común, que actúen en concordancia a dicho código y además aquellas que no lo cumplan sean severamente castigadas por la sociedad. En la medida que la sociedad comience a ver esos cambios, también modificarán sus malas costumbres puesto que al ser empleados de dichas empresas se verán sometidos a ese estricto código ético, el mismo que aplicará para los proveedores. Personalmente no me gusta hacer negocios con una empresa que considero poco ética o que tengo conocimiento que no da un trato justo a sus trabajadores y abusa de ellos. Si hago negocios con ella, por beneficioso que me resulte, contribuyo a reforzar el abuso. Ahora al verse cada vez más actores sociales sometidos a estas nuevas normas, sin duda esto se irá esparciendo como un círculo virtuoso que, siendo sumamente optimista, debería llegar a todos los rincones de la sociedad.

Cómo verán, el problema no parece tan difícil de solucionar, ¿cierto? Lo primero sería definir un espacio donde se pueda discutir libremente y en igualdad de condiciones, además en forma vinculante, acerca de lo que se necesita como sociedad y así se pueda establecer el Bien Común. En teoría esos espacios existen, donde existe representación popular y aquellos representantes velan por los intereses de todos. Pero no es ningún acto de iluminación divina el admitir que esos espacios también se encuentran contaminados por intereses cruzados, egos y búsqueda de logros personales por sobre lo, en teoría, se representa. Claro que hará falta un esfuerzo enorme, que aquellos que están acostumbrados a ejercer el poder para el beneficio propio decidan que el beneficio ahora se reparta entre muchos, sean sus representados o sus empleados. Al mismo tiempo los códigos éticos también regirán para ellos y se verían sometidos a las mismas severas recriminaciones en caso de incumplirlos (la ley debe ser pareja). También significará que quizás en un primer momento ganen menos, pero en el futuro ganarán más mucho más. Habría que sacarle punta al lápiz y evaluarlo más acuciosamente pero sin duda que en el mediano plazo sería mucho más rentable ese modelo que el actual donde cada uno arranca con lo que puede y él que no lo hace es considerado estúpido. Esto significa liderar por el ejemplo, algo que perdimos la costumbre de hacer.

Habrán notado que no he metido a ningún poder del Estado en esto, y fue a propósito. ¿Necesitamos que nos den reglas para todo? Yo creo que no, si la sociedad toda se rigiera pensando en el Bien Común en vez de en el bien particular pues no es necesario normar absolutamente todo, porque no se estaría buscando cómo hacer la trampa para sacar un provecho al resquicio legal. Ciertamente el Poder Judicial terminaría resolviendo Sudokus por falta de litigantes. Si hay menos normas que poner, también el Poder Legislativo se transformaría en sede de campeonatos de ajedrez, recinto público o cualquier otra cosa para utilizar el espacio. El Poder Ejecutivo se dedicaría a administrar los recursos y velar por que las cuentas nacionales estén en orden y ahorrar para el futuro o las contingencias. Incluso el aparato estatal tendría que reducirse puesto que las cosas se harían bien y a la primera, porque todos quieren lo mejor para todos.

Como el ser humano es por esencia egoísta sé que esto no sucederá nunca, pero soñar no cuesta nada. Por lo menos, al lector que le interese, procuremos obrar según el bien común. Créanme que es más satisfactorio que una gran cantidad de ceros en el banco.

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