anteriores al 2016

La Violencia por la Violencia

El otro día, visitando un lugar de gran afluencia de público de todo tipo y edad, esperando por una mesa libre para almorzar, fui testigo de un acto de increíble violencia y totalmente gratuita. Aunque no sufrí ningún daño físico, sí pude ver como atacaban a un extranjero de visita y esperando por mesa en el mismo local (¡¡es que es muy bueno y barato!!), cuando fue atacado por una turba de gente que aparentemente participaba de un funeral; este extranjero, por alguna causa que no pudo ser aclarada posteriormente, de alguna forma los ofendió, y eso mereció un ataque a mansalva por un grupo de unas 4 o 5 personas. Afortunadamente el tipo era lo suficientemente atlético para resistir el ataque, sufrió sólo una herida leve y nadie más quedó herido en el camino. Digamos que fue de milagro porque vi volar mesas, sillas, patadas y botellas en un lugar donde suelen haber bastante niños y familias paseando. No exagero cuando digo que fue como ver un grupo de mandriles atacando a una presa por el sólo gusto de atacarla.

Después del shock inicial, y cuando finalmente el despelote permitió dar paso al almuerzo, he conversado largamente con la persona que me acompañaba, repasando lo sucedido a ver si lográbamos encontrar algún sentido a lo que vimos. No pudimos darle a ninguno, así que estimados lectores, tampoco se esfuercen en buscarlo. Simplemente no lo tiene.

Después de eso se me han venido a la memoria numerosas imágenes de los últimos tiempos en nuestro terruño y en el mundo completo. Imágenes de violencia por cierto, abundantes y en todas las formas imaginables.

Esta experiencia me ha llevado a otras reflexiones acerca de los tiempos actuales, que son sin duda violentos. Quizás creemos no ver violencia pero sin duda está ahí, presente en nuestro diario vivir e inserto en la cotidianeidad de la vida, aunque no necesariamente de la forma en que yo la vi, porque es mucho más sutil y artera. ¿Cuántas veces no hemos deseado “decirle unas cuantas cosas” a alguien? O hemos discutido con un dependiente de una tienda, que normalmente no tiene nada que ver con el origen de nuestro malestar, insultándolo o denostándolo para hacer ver nuestro punto de vista. O las veces que simplemente hemos mirado hacia otro lado para no sentirnos comprometidos con algo. O cuando hemos callado frente a una injusticia. O cuando hemos manejado de forma brusca y poniendo en algún aprieto a otro conductor, producto de nuestras maniobras.

Todo eso es violencia pura y dura. No necesito quebrarle una botella en la cabeza a alguien para ser violento. Basta incluso una omisión o una palabra para ser violento y herir incluso más que con un fierro.

Ahora, ¿de dónde viene esa violencia, esa barbarie aparente irracional? Ya no vivimos en la Edad Media donde a veces era simplemente necesario acriminarse para poder seguir subsistiendo (sin negar aquellas zonas donde eso aún se da, incluso dentro de nuestras ciudades). A veces pareciera que es más sencillo conversar las cosas, ponerse de acuerdo y aclarar los puntos de diferencia, establecer un consenso y listo. Suena sencillo pero tal parece que la barbarie sigue sumamente presente en nuestras sociedades relativamente desarrolladas; más aún, creo que dicho comportamiento está sumamente arraigado en nuestros instintos. Entonces, ¿cómo podemos alejarnos de dichas prácticas? En lo personal he logrado aminorarlas mucho a través de la reflexión y la conciencia acerca de mis actos, pensando en no hacer lo que no me gustaría que me hicieran. Les sorprendería lo sencillo que resulta mejorar haciendo ese simple razonamiento. También se debe tener presente que el resto no es necesariamente el culpable de nuestros padecimientos puesto que muchas de las frustraciones que violentan al hombre moderno son provocadas por él mismo, a través de desear lo que no se puede tener o tener lo que no se puede pagar. También viene de ser víctimas de violencia de los otros. No faltará el iluminado que diga: “si soy agresivo entonces no serán agresivos conmigo”. Craso error. Ser agresivo y violento sólo genera más violencia, no paz. Eso está sobradamente demostrado con muchas experiencias más que prácticas que han significado derramar ríos de sangre inocente.

Como siempre, los invito a reflexionar, a pensar antes de actuar, y a probar que quizás seamos capaces de poseer la humanidad que decimos tener.

Leave a Reply