anteriores al 2016

Promesas Incumplidas

No, no es una columna acerca de política. Ahora que estamos cerca de elecciones todo el mundo es analista político, cuando hay fútbol todos son mejor técnico que el técnico. Y así nos vamos.

Como dije, no vengo a hablar de esas cosas sino que quiero hacer una reflexión acerca de algo con lo que me he tropezado esta última semana y me ha costado algunos tragos amargos, quedando varios aún por tener antes de poder solucionar el problema. Y no, no es una columna acerca de mis problemas tampoco. Cada uno de mis lectores tendrá suficiente de que preocuparse para además andarse enterando de los problemas ajenos.

¿Alguna vez reflexionamos acerca de la cantidad de promesas que hacemos? Hacer una promesa no necesariamente implica decir “te prometo” o “te juro”, implica también hacer una afirmación y que otro la tome por cierta, implica asegurar que algo sucederá de un modo y no de otro, que algo se cumplirá en un cierto momento y no en otro. Y así podemos seguir dando ejemplos de lo que yo al menos entiendo por promesa y compromiso.

Hoy todos prometemos y nos comprometemos, continuamente y a diario. Prometemos cosas a nuestras familias, a nuestros jefes, subalternos, ¡a nosotros mismos! Pero, ¿cuántas de esas promesas realmente cumplimos? Si analizan un solo día verán que pueden hacer o comprometer unas 30 o 40 cosas diferentes, dependiendo del grado de interacción que tengan con otras personas o consigo mismos. Este fin de semana me levantaré temprano, bajaré 5 kilos este mes, hoy si visito la tumba de mi abuelo, llegar a alguna hora a alguna parte, enviarle un informe al jefe, et., etc. etc. Cómo pueden ver, prometemos mucho y constantemente, incluso más que el político promedio. Además es muy probable que cumplamos menos que el político promedio y más encima tenemos el descaro de gritárselo en su cara (sin ánimo de dar mi beneplácito a los políticos de turno y contraturno).

Entonces, ¿qué está mal? ¿por qué no somos capaces de asumir las cosas que nosotros mismos prometemos y que muchas veces nadie me exigió? Pues porque no reflexionamos acerca del peso de nuestras palabras y de nuestro propio pensamiento. Es por esto que decidí escribir esta columna. Estamos mal, muy mal en este asunto, pésimamente mal.

No llamo a que se cumpla todo, siempre hay imponderables que pueden atentar contra lo que prometemos, pero sí los insto a reflexionar acerca de lo mismo, a hacer de esas promesas y compromisos, ¡con quién sea!, una realidad. Sino acabaremos en un mundo más de mentira del que ya tenemos, en el que hasta Barbie se está volviendo realidad.

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