anteriores al 2016

Carta Lector y Respuesta Director

Señor Director

elgobierno.cl

Estimado Señor:

Me he tomado la libertad de dirigirme a usted para manifestarle mi preocupación, por una parte, y me desazón, por otra, por la larga “sequía” de artículos en su apreciada página.

Ignoro cuantos seguidores tendrá su sitio web pero creo que en todo caso deben estar sintiendo la misma sensación de abandono que el suscrito.

He tratado de explicarme la razón de la prolongada ausencia de sus articulistas permanentes como Franz von Eklektisch o la columna de Pete el Negro, así como las profundas reflexiones del Director, y no acierto a comprender las causas de tal ausencia.

Esa falta de capacidad de entender el fenómeno me ha impulsado, muy a mi pesar, al terreno de las especulaciones. Como usted bien sabe ese es un terreno muy peligroso y pisarlo tiene numerosos e inimaginables riegos.

Así he llegado a pensar que ya no tienen nada que decir, o que todo lo que ocurre les parece de los más normal y no amerita comentario o, y ojalá acierte en mi especulación, han llegado a la conclusión de que ya no vale la pena el esfuerzo en un ambiente tan decadente y degradado.

Señor Director, si ese fuera el caso, le rogaría trasmitir a sus articulistas, y a usted mismo, un pedido especial de un lector desconsolado. No dejen de escribir, no dejen de pensar, no dejen de buscar un mundo mejor. Si ustedes, así como muchos otros, empiezan a retirarse, a guardar sus banderas, a colgar sus lanzas y escudos, ahí, en ese lamentable caso, comenzará el derrumbe final. Y, lamentablemente, ese escenario ya se avizora.

Estimado Señor, no es mi deseo cansarlo con mis lamentos pero le insisto en mi ruego de que no se rindan. Mientras existan voces como las suyas que invitan a la reflexión y a la discusión con altura, habrá esperanzas.

Le saluda muy atentamente

Un lector preocupado.

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Señor lector,

Me conmueven sus alabanzas, pero por la razón más inesperada: no concibo celebrar lo poco que se ha intentado, de manera tan imperfecta y con tan poco resultado visible, pues coincido con usted en que el fruto de nuestro esfuerzo es un completo misterio. Aún cuando conociéramos a quienes nos han leído, no hemos tenido el regalo de la retroalimentación.

Además nuestro esfuerzo no es en sí mismo el tesoro anhelado. Tal vez lo entenderemos mejor si lo vemos como una bitácora de viaje; todo lo consignado puede ser de algún valor, es posible, pero el mayor valor es emprender el viaje… ¿Adónde vamos? Hacia un mundo más humano. No sabemos si nuestro esfuerzo coopera realmente a ello, pero sabemos al menos que, hastiados del estancamiento y la mediocridad, nos pusimos en camino con esperanza.

Y aún falta tanto por recorrer… Sea este silencio tan irritante un reconocimiento a lo desconocido, una cierta admiración por tierras nuevas que aún nos tienen anonadados. Sea este silencio una meditación profunda sobre la verdad: dejarse poseer por ella, empapar el alma y el cuerpo de ella, y luego encontrar las palabras más simples para transmitirla a quienes aún no osan emprender su viaje. Si avanzamos, al releer la bitácora nuestro corazón se alegrará de cuanto pudimos conocer, es cierto, y tal vez recordaremos trucos que nos sirvieron para alcanzar mayor velocidad, pero también criticaremos nuestra propia ceguera y superficialidad, a la luz de lo nuevo.

¿Qué es lo nuevo? Es eso que siempre estuvo ante nuestros ojos ciegos de mediocridad. No somos prometeos construyendo un mundo a nuestra medida, somos peregrinos descubriendo la belleza del mundo tal como es, revelado a nuestros ojos pobres y confundidos. Somos durmientes que despertaron antes de tiempo porque algo tocó el corazón: un amor al ser humano y a la patria más grande que el apego a nuestros ajados y otrora arribistas vestidos postmodernos.

Tendremos que retomar la bitácora, pero ¿qué diremos? “Infames mediocres, no merecéis un punto de nuestra escritura”, parecemos decir ahora… Ya no sé qué se debe decir o hacer, porque esos mediocres que creen ser elegidos para regir destinos de otros o que creen poseer la verdad absoluta, o esos petulantes que usan el dinero, el poder, el placer y el saber propio y ajeno para su propio beneficio, son también yo mismo, son parte de mí porque estamos todos conectados; a ellos, especialmente a ellos, quisiera abrazarlos con un corazón que ama porque no creo que en estas condiciones el discurso racional, lógico y lúcido, esté a su alcance o al mío. Si llegamos al punto del esfuerzo racional, que sea sentados en la mesa de la amistad, donde el cariño prima, donde el amor humano transforma las discusiones y debates ególatras y narcisistas en diálogo; sólo así la razón puede ser fecunda.

Tenga, querido lector, la seguridad de que hay en mi corazón cierta desesperación por encontrar más palabras que ofrecer, o más escritores que crean tener algo que decir, porque el silencio tiene pátinas de omisión, pecado notable, y también andrajos de desprecio a quienes confiaron en nosotros. El silencio es insultante a veces. En nuestro caso espero se comprenda que hay, tras este silencio en particular, un honesto esfuerzo por crecer en sabiduría, por dejar atrás la erudición tan de nuevo rico, por renovar la esperanza en el ser humano, o por reencantarnos y readmirarnos con el potencial futuro de este turbio tiempo presente. Lo que sucede no es casual, lo construimos nosotros por acción u omisión; ahora nos toca extremar responsabilidad en el acto de pensar y amar un futuro mejor. Tal vez el primero y más grande error fue asumir, desde mi debilidad, esta responsabilidad. Me comprometo a hacer los más grandes esfuerzos por reiniciar la bitácora, y le estaré eternamente agradecido por su justo llamado de atención.

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