anteriores al 2016

Hacia Dónde Vamos

Hace poco y a raíz de algo completamente personal me hicieron la siguiente pregunta: ¿dónde quieres estar en 5, 10 o 20 años? Y se me vino el mundo encima. No porque me haya sentido viejo, es porque esa pregunta no me la había hecho y la encontré bien significativa. ¿Realmente cuantos nos preguntamos eso? Lo digo en todo sentido, como proyecto de vida profesional, familiar, etc.

Como soy medio curioso, empecé a ver si mi entorno se cuestionaba lo mismo. Me refiero a mi entorno familiar, de amistades y laboral. Me encontré con que en general todos hacen proyecciones pero más a corto plazo. Estamos inmersos en sobrevivir el día, el mes y quizás el año. Lo que pase después se verá en el camino, vivimos el día a día sin proyectarnos mayormente.

Si bien el que las personas no proyecten me asombró sobremanera, partiendo por mi propia ceguera, me asombró más aún verlo en las empresas. Si, hacen planes anuales, trienales y quinquenales. Pero si se revisan más en detalle veremos que son planes que apuntan a un crecimiento de X%, expansión hacia tal área, región o país (o sea crecimiento de X%), etc. Si miramos lo que debería ser la luz al final del túnel de las empresas, que son su misión y visión, veremos que en casi la totalidad (no voy a decir todas, pero aún no encuentro ninguna que no tenga las palabras que diré a continuación) se resumen en básicamente ser “el mejor”, el “más importante”, el “más valioso”, el “más grande”.

Ahora veamos cómo influyen estas palabras, porque no son menores y estamos hablando de las palabras que deberían guiar el actuar de la empresa, desde el Directorio o Gerencia hasta el último de los empleados. ¿Cómo definimos el mejor? ¿O el más grande? ¿Por más grande entendemos el con más dinero, con más empleados, con más ventas? Es importante hacer esas precisiones porque si ese mensaje es ambiguo, entonces esta declaración de principio vale poco y nada. Sólo sirve para adornar una muralla con otro marco con algo dentro. Es dentro de ese marco conductual u horizonte que debemos planificar nuestro trabajo, nuestras jefaturas deben ser claras en definirnos dónde quieren que vayamos, o simplemente erraremos el camino.

Lo mismo pasa a nivel personal. Debemos definirnos qué queremos para nosotros mismos, pero con calma y claridad, para poder avanzar en esa dirección y no en otra. Claro que si no somos capaces de definirnos eso a nosotros mismos, ¿cómo podríamos pretender definir lo mismo para una empresa?

Como habrán visto, mis cavilaciones me llevaron a visualizar una alarmante situación: no tenemos lenguaje suficiente para definir cosas con claridad, ni somos capaces de decirnos cosas en forma concreta ¡a nosotros mismos! Quizás de cierta forma nos mentimos, es más fácil vivir día a día que planificando nuestros pasos. Tal parece que somos básicamente seres reaccionarios.

A lo mejor si pensáramos más algunas cosas, y planificáramos mejor otras, lograríamos avances más sustanciales no sólo en lo cuantitativo, sino también en lo cualitativo.

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