anteriores al 2016

CARTA A UN PARIENTE QUE PARTIÓ

Nunca te conocí en profundidad, nunca nos dimos el tiempo y nuestros encuentros en general fueron breves. Habría deseado conocerte mejor pero lamentablemente las cosas no se dieron así. Quizás el hecho de no vivir en la misma ciudad, las múltiples actividades de cada uno, la intensidad de la vida actual, un sinfín de excusas que a estas alturas ya no tienen sentido.

Sin embargo te tengo un cariño inmenso, que extrañamente se me manifiesta cuando supe que estabas próximo a partir. Me habría gustado poderte demostrar ese cariño, ya es tarde puesto que ni siquiera podré asistir a tu funeral. Ahora si me haré el tiempo de visitarte y quizás conversar algunas cosas, en silencio, porque eso era lo que te gustaba, escuchar más que decir, bromear siempre y dar agudas observaciones a quién se te cruzara.

A pesar de ser familiar mío, tenías otra familia sumamente numerosa, tu rebaño, tus pescadores, tu comunidad, tus seminaristas, todos quiénes ahora te despedirán con gran pena porque no estás presencialmente con ellos, pero con una enorme alegría por haber pasado por sus vidas y ser su guía espiritual. A pesar de ser tu familia no nos pertenecías, le pertenecías a ellos, te debías a ellos y vivías por ellos, no por tí.

No es momento de rasgar vestiduras, sólo es momento de llorar en silencio y reflexionar, porque fuiste un hombre grande, un hombre de paz y un líder por la vía del ejemplo. Tu humildad sobrecogía, tu pausa en este acelerado mundo nos hacía meditar y tus constantes bromas escondían una inteligencia excepcional.

Ahora te toca descansar, no diré que ahora tendrás paz porque siempre la tuviste, enfrentaste tu final con valentía, como siempre en silencio y raramente tú consolando a los que quedaban terrenalmente. Extraña paradoja esa, es tu estilo.

La partida de un ser querido es dura, es un golpe, de los golpes se aprende, y la vida está construida sobre lo que aprendamos de ella.

Espero muchos hayan aprendido de tu ejemplo, pues por esa vía se enseña, por la vía de la humildad y de la sencillez. El rumbo del mármol, el dorado y el cuero fino no era el tuyo, mejor dormir en la vieja cama donde naciste.

Hasta siempre, vivirás en mis recuerdos, junto con los otros que ya partieron y que han marcado mi camino con su ejemplo y su cariño incondicional.

Leave a Reply