anteriores al 2016

Mediciones

El otro día, probablemente pensando en la inmortalidad del cangrejo, me percaté de esto. Estamos, todos, permanentemente midiendo y midiéndonos. Es como si todo fuera una maldita competencia. Es cierto, el ser humano es competitivo pero estamos llegando a límites enfermizos que rayan la insalubridad mental. Claro, otra de las tantas insalubridades mentales que tenemos. Claro que si enfermamos de la mente me queda un consuelo, al menos desde el punto de vista físico, existe “algo” entre nuestras orejas. El nivel de utilización de ese “algo” es más largo de discutir, pero ese es otro tema.

Retomando mi reflexión, quise profundizarla a ver que resultaba. Y me asusté más. Desde que somos un feto se nos está midiendo, el tamaño, los latidos del corazón y varios parámetros médicos. Para que ahondar al nacer, nos mueven y manipulan como trozo de carne en vitrina, nos hacen numerosas mediciones y finalmente nos entregan a nuestra madre, que también nos mide. Claro que parámetros más subjetivos (puesto que todos somos bellos ante los ojos de nuestra madre, así haya parido una gárgola, con alas y todo). Posteriormente nos miden nuestros familiares y nos comparan con los recién nacidos de los que tengan recuerdo. Nosotros no podemos medir puesto que aún no contamos con ningún tipo de discernimiento. Pero apenas lo tenemos ya nos medimos. Quién tiene el papá más importante, quién la casa más linda, quién se saca mejores notas o quién corre más rápido. Tal parece que está en nuestra naturaleza medirnos y compararnos con el resto.

Establecido el problema, veamos el por qué. Y el por qué creo que no es tan difícil de dilucidar. El ego, el maldito ego. Siempre queremos ser más que el resto, tener el pasto más verde de la cuadra, el auto que atrae más miradas, la cuenta corriente con más ceros, el con más pergaminos colgados de su pared o con la pareja que es envidia de los que nos ven juntos. Como verán, no ha sido una reflexión muy profunda, sólo estoy rayando lo obvio. Pero dejémonos de obviedades y analicemos las consecuencias de esto, porque son muchas y muy graves.

¿Esta competencia trae algún beneficio al hombre? Pues si, pero para sí mismo, puesto que estas odiosas comparaciones también son un acto de tremendo egoísmo. Ya hemos expuesto largamente las consecuencias del egoísmo. Además, en tiempos donde el “ser más” es el norte de la vida de la mayoría, esto se ha exacerbado a niveles sobrecogedores. Se expande en inflama con una supernova. Pero como algunos sabrán, las supernovas crecen, se expanden y vuelven más luminosas, pero eventualmente se acaba el combustible y psssss, se achica y convierte en hoyo negro.

Amargo panorama, ¿seremos víctimas de nuestros propios egoísmos, ambiciones y mediciones? No sea que nos extingamos como una supernova.

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