anteriores al 2016

Un Cambio de Enfoque

Mucho se ha hablado el último tiempo de las empresas, cosas negativas por cierto. Ahora, es necesario hacer alguna precisión respecto del concepto de empresa: es una organización que busca obtener el mayor beneficio utilizando unos recursos determinados. Estos recursos pueden ser dinero, humanos, cosas, etc. También existen empresas con y sin fines de lucro, aunque en esta columna me referiré más particularmente a las primeras pero con alcances a las segundas.

En lo legal, una empresa es una persona jurídica. En tanto persona, tiene derechos y deberes, no los mismos que una personal natural pues no tiene cuerpo, entre otras cosas. Nadie duda que las empresas defienden con ahínco sus derechos, pero cuando se trata de deberes la cosa se vuelve un poco más laxa y sujeta a interpretaciones, pero a nadie parece importarle mucho (me refiero a los que debería importarles mucho).

¿Por qué es esto importante? Ni siquiera es importante, es fundamental. ¿Me excedí? No, y ni siquiera lo creo, lo afirmo. ¿Por qué todo esto que digo? Si jurídicamente damos a una empresa, cualquiera sea su intención y naturaleza, el carácter de persona, entonces debemos asumir que dicha empresa es un actor social más. Esto lo deben entender quienes hacen empresa, los que las regulan y además la sociedad entera.

Su existencia ha sido, es y será de vital importancia para una sociedad sana y que se desarrolla, pero con el tiempo su existencia ha sido cuestionada con gran severidad. Es entendible, más si hay empresas con fines de lucro que son manejadas por hampones dedicados a esquilmar a la sociedad, pues claramente son un actor social muy nocivo. En cambio encontramos otras que son grandes aportes y se vuelve relevante protegerlas, como se protege a cualquier ciudadano importante.

Ahora, ¿cómo las empresas se plantean su posición dentro de su propio entorno? Eso es algo bien propio y personal de cada una, a través de sus dueños o administradores. No se puede obligar a alguien a ser buen ciudadano, pero si se le puede orientar amablemente a través de la leyes y regulaciones. ¡Paren las prensas! ¿Más leyes y regulaciones? Es evidente que nada es suficiente cuando alguien quiere hacer alguna trampa. No es esa la vía ni la solución efectiva. Cómo ya hemos mencionado muchas veces en nuestra página, el problema es más bien de carácter moral. Puedo tener las leyes más severas del mundo, incluso con pena de muerte (como en China), pero aún así hay corrupción y malas prácticas. ¿Quizás regulaciones laxas que permitan todo? Tampoco es solución. En realidad esto no debe ser ni mucho ni poco, pero es muy difícil precisar que es mucho y que es poco. Eso queda en la conciencia de cada uno y ahí no hay Estado que se pueda entrometer.

¿Entonces como arreglamos esta encrucijada? Elemental mi querido Watson. Cambiando la forma en que se ven las empresas a sí mismas, que se asuman actores importantes dentro de nuestra amalgama social, pero como actores que pueden y deben contribuir a mejorar la sociedad. Sea esto vía impuestos, sueldos, contratación de servicios, y un largo etc. ¡Pero ya lo hacemos! Seguro dicen eso, y no lo dudo. Muchas lo hacen y muy bien, cumplen su rol a cabalidad. Pero también es cierto que muchas se dedican a alimentarse a sí mismas, pidiendo mucho a la sociedad que las cobija pero entregando poco o nada, destrozando todo tipo de competencia con artimañas que nada envidian a una trifulca de cantina, o depredando sin pensar siquiera en las consecuencias de sus actos y con miopes visiones a corto plazo.

Comprenderán que estos son cambios profundos, que deben nacer de la reflexión personal de las personas (las empresas no piensan por sí mismas). Sí, lo sé, soy un Quijote (aunque físicamente me asemejo más a Sancho), y quizás también un soñador. Pero soñar es gratis y un buen ejercicio, ¿o ya debo pagar algún tipo de franquicia a alguien que registró el soñar?

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