Esa Agresividad Creciente

He visto con pavor como día a día la agresividad va creciendo en la gente. Pensé atribuirlo a que ahora estamos más hacinados, al menos en Santiago, pero esta teoría se me derrumbó cuando veo que lo mismo sucede en lugares nada de hacinados, como en áreas rurales.

 

Entendamos agresividad no como algo que implique agredir físicamente a otra persona. Agresividad es no respetar el espacio de otra persona, contaminar acústicamente o simplemente ser indiferente con el vecino. Se ha vuelto pasmosamente frecuente que la gente reaccione con pataletas de infante cuando las cosas no son a su pinta, y van por la vida simplemente haciendo lo que quieren, cuando quieren y cómo quieren, sin pensar o medir consecuencias o problemas que puedan ocasionar en su entorno.

Así como podemos ver esto en personas, también es posible extrapolarlo a empresas. No creo que sea posible ver cuántas empresas (o empresarios) operan permanentemente con este criterio, llorando miserias que no existen, para así justificar sus avaricias o para poder atropellar al prójimo diciendo que simplemente no lo vieron. Claro, se podría argumentar que si alguien no existe para mí no tendría por qué verlo, pero sin embargo esa existencia es real y no producto de la imaginación de alguien.

Más evidente se ha manifestado esta agresividad en nuestra clase política; en lugares que son la cuna de nuestra sana convivencia se vive de recriminaciones, dimes y diretes, y descalificaciones varias.

Ya se ha hablado acerca de la prepotencia. Otra tremenda forma de violencia es el silencio, así tal cual. Pero en el fondo creo que todo esto apunta a un creciente egoísmo, un gigantesco egoísmo impulsado por todos lados. Esto se impulsa desde la más tierna infancia donde es bien visto no compartir con alguien que tenga menos, donde siempre se desea ser “más” que el otro, donde todos quieren vivir más arriba y donde todo el resto importa un carajo mientras yo pueda llegar donde creo que merezco estar.

Podrán comprender que esto genera una agresividad y violencia crecientes. Por un lado por la frustración de no poder tener todo lo que se quiere o desea tener. Por no vivir donde quiero vivir. Por no ser lo suficientemente rubio. Por no tener ese auto alemán que me daría cierto estatus y asombraría a la gente cuando pase. Porque el vecino sí se las arregló para tener ese auto, producto de su esfuerzo en casos, en muchos otros producto de una enorme deuda, y unos pocos por la vía de haber robado de alguna forma para poder obtenerlo (¡¡porque era imprescindible tenerlo!!).

Problemas y Soluciones Profundas

Si algo tiene hoy en común todo líder, por pequeño que sea su feudo o reino conquistado, es un alto grado de insatisfacción de los liderados… Cansa pedalear en la arena, hablar sin ganas a quienes no quieren escuchar. Todo cadáver tiene un asesino, dijo el sabio… pero ¿es posible reducir una insatisfacción tan profunda a múltiples “culpas” individuales? Aunque las haya, ante este gran tropiezo es más esperable inferir una causa superior, una sola grande y profunda. ¿Dónde encontrarla? Estamos todos mirando filtraciones en una represa podrida desde sus cimientos, y queremos culpables para cada fisura porque simplemente no logramos ver la cuestión general. ¿Hacia dónde debemos dirigir la mirada? ¿Cuáles son las dificultades?

Intentar un Diagnóstico Honesto.

La Cuestión Institucional: mucho se ha dicho y hecho en los últimos siglos acerca de sistemas, estructuras, modelos, metodologías y recetas milagrosas. Los cuantificadores sociales piensan, equivocadamente, que sus turbias cifras son suficiente luz en tan obscuro y sangriento caminar estructuralista; no perciben que lo cuantitativo es subalterno a lo cualitativo. Nos hemos dividido entre partidarios de modelos antagonistas, canonizando o demonizando, vociferando sin comprender en profundidad las raíces hermanas de tan intensos y persistentes objetos de debate. La vacuidad ha comenzado a invadir nuestras mentes, ya no nos quedan certezas teóricas, una nube de desprecio cubre nuestra reflexión mecanicista institucional. Entonces, vitalismo, pragmatismo, caudillismo, profetas que dicen saber prometen a incautos que necesitan creer. ¿Qué anda mal en los modelos teóricos? Que se asume falsamente la división y el conflicto como inevitables y, por tanto, estructurales.

Hacia un Estado Totalitario.

“Lo que se juega en las elecciones”, “el juego democrático”, “fair play”. “Juego”… Esto no es un juego, ¿es acaso un juego? El juego electorero banal impone reglas a una turbiedad ignorante y pasional que vive de la identificación simbólica… las personas votan a sus “símbolos” cuando éstos satisfacen sus pasiones y ambiciones. La tendencia en los fenómenos masivos es descender a bajas pasiones y ambiciones. Espolear tendencias masivas degradantes es un crimen, doble crimen si el objetivo del instigador es el poder total. El totalitarismo jamás es un juego, al contrario, es un mal terrible.

Hablar de cambios constitucionales en algún contexto banal y frívolo no es adecuado; de la constitución se esperan equilibrios eficaces que nos protejan de desbordes totalitarios como los que veremos. Deben darse condiciones para asegurar una reflexión libre de influencia totalitaria. El fundamento de una sociedad es la persona y la comunidad; no conviene a ningún ser libre el totalitarismo, aunque algunos, con violencia, lo exijan a gritos destemplados.

La hora más amarga de un buen líder es aquella donde debe sacrificarse por quienes no comprenden la importancia de la libertad; ésta es la hora. Un buen líder debe negarse rotundamente a cualquier modificación constitucional que pavimente el totalitarismo de cualquier color.

Hemos identificado livianamente “totalitarismo” con el apellido Pinochet. Esta simpleza de alta rentabilidad electoral, que todos repiten como papagayos, ahora hace agua.

Los agitadores de almas

Leyendo un prólogo de un libro de Papini me encontré con que su autor describía a Papini de esa forma, como un agitador de almas. Me quedó la frase en la cabeza y empezó a dar sentido con otras cosas. Es una frase potente, muy potente, que me remeció hasta el tuétano por muchas causas que describiré groseramente en este artículo.

¿Qué es un agitador de almas? Eso fue lo primero que me vino a la cabeza. Ciertamente no es un agitador social como los que hemos visto con pavorosa frecuencia en los últimos años, meses y días; tampoco es un agitador de conciencias. Esos sólo provocan confusión, desorden y lo usual (por no decir siempre) es que aportan poco o nada al progreso real. Este perfil de personajes que he mencionado actúa sobre la base del egoísmo, para satisfacer su propio ego y sentir el poder de controlar una masa. Como verán, eso es poco aporte puesto que su objetivo final es perverso. Son básicamente desechables y han demostrado sobradamente corresponder a esa categoría.

Podrán ver que se está definiendo lo que no es, método extraño puesto que se acostumbra definir las cosas por lo que son. Pues verán resulta muy difícil definir exactamente lo que sería un agitador de almas puesto que cada uno debe decidir quién podría corresponder a esa categoría puesto que no es fácil precisar que agita el alma de cada cual.

musico

Vuestra Obscuridad se Proyecta al Mundo

Dice nuestro renacentista mecenas Félix, en esta dulce tierra maulina, que nadie jamás debe faltar el respeto a un artista, ¡nadie! Él estaba sólo irritado porque es un hombre prudente. Yo llegué más allá porque no poseo inclinación a la prudencia: estoy furioso porque entiendo del tema, soy un artista, y confieso también que mi irreductible sangre noble y vasca me impide, ¡absolutamente!, amistad con quien es desleal, deshonra, y da la espalda a lo más alto para venderse al emperador de las cloacas. Pero ¿será tan así? Tal vez un poco de racionalidad tienda puentes a alguien, para que explique privadamente porqué, porqué…

Para comenzar, “poderoso señor es don dinero”, dice Quevedo, pero efímera su gloria, dice la historia; y triste su señorío, al decir de Balzac (tal vez sólo cita o parafrasea) cuando afirma: tras cada gran fortuna hay un delito. Se admira a la fortuna pero se desprecia a su dueño aquí y en la puerta de entrada a la Jerusalén celestial. El público no se reúne emocionado a aplaudir y vitorear, ni paga entrada para ver cómo se amasa el gran capital; tampoco aplaude cuando el coronado por ella ostenta y luce su señorío. No es el gran capital quien consuela, cura heridas y educa el alma de nuestra gente; diríamos que, a la inversa, su frenética búsqueda está jalonada de descomposición moral. Por eso todos recuerdan reverentes a Socrates pero nadie recuerda a sus contemporáneos que alcanzaron fortuna. 

Diálogo de sordos

El último tiempo he empezado a dilucidar un grave problema que nos afecta a como sociedad. Mucho hemos hablado acerca de los graves problemas éticos que nos afectan a todos por igual, empleados y empleadores, personas naturales y jurídicas, ricos y pobres, etc. También hemos repetido majaderamente que el problema es básicamente ético, para todos, no sólo para empresas y empresarios.

Ahora, ¿cómo acercar posiciones? No parece fácil. Los empresarios le quieren sacar el jugo a sus empresas, los empleados creen que como les sacan el jugo entonces tienen que aprovecharse de alguna forma, los proveedores creen que abusan de ellos y entonces hacen lo posible por tratar de ganar por algún lado. Y así ad infinitum.

Claramente estamos ante una situación perder-perder, de esas que los libros de texto indican expresamente que debemos evitar. Sin embargo estamos en eso, todos y cada uno de nosotros. Pero ¿es tan así? Posiblemente no. Cada día vemos ejemplos de empresarios comprometidos, de empleados comprometidos y de un entorno que intenta lo mejor no sólo para sí mismo, sino para todos. Desgraciadamente esos casos son pocos y además poco conocidos.

Entonces, ¿por dónde partimos? Porque por algo se empieza.

La Violencia por la Violencia

El otro día, visitando un lugar de gran afluencia de público de todo tipo y edad, esperando por una mesa libre para almorzar, fui testigo de un acto de increíble violencia y totalmente gratuita. Aunque no sufrí ningún daño físico, sí pude ver como atacaban a un extranjero de visita y esperando por mesa en el mismo local (¡¡es que es muy bueno y barato!!), cuando fue atacado por una turba de gente que aparentemente participaba de un funeral; este extranjero, por alguna causa que no pudo ser aclarada posteriormente, de alguna forma los ofendió, y eso mereció un ataque a mansalva por un grupo de unas 4 o 5 personas. Afortunadamente el tipo era lo suficientemente atlético para resistir el ataque, sufrió sólo una herida leve y nadie más quedó herido en el camino. Digamos que fue de milagro porque vi volar mesas, sillas, patadas y botellas en un lugar donde suelen haber bastante niños y familias paseando. No exagero cuando digo que fue como ver un grupo de mandriles atacando a una presa por el sólo gusto de atacarla.

Después del shock inicial, y cuando finalmente el despelote permitió dar paso al almuerzo, he conversado largamente con la persona que me acompañaba, repasando lo sucedido a ver si lográbamos encontrar algún sentido a lo que vimos. No pudimos darle a ninguno, así que estimados lectores, tampoco se esfuercen en buscarlo. Simplemente no lo tiene.

Después de eso se me han venido a la memoria numerosas imágenes de los últimos tiempos en nuestro terruño y en el mundo completo. Imágenes de violencia por cierto, abundantes y en todas las formas imaginables.

Las Tristes Horas Electoreras.

Queremos aprovechar la inmensa oportunidad del descanso estival para ofrecerles “un dejo de” reflexión que intenta remontar turbias contiendas. Llagados por calumnias e intrigas entre codiciosos de poder y riqueza, por pataletas adolescentes antisistémicas, por abusadores de todo tipo, y por caldeamientos y mutuas roterías pre electoreras, hay quienes nos auguran un desagradable 2013. Ojalá no sea así; nuestra paz social no es como el clima, que escapa a nuestras posibilidades de control: nosotros somos quienes podemos construir paz.

Habíamos definido paz, brevemente, como “tranquilidad en el orden”. La noción de “orden”, sin embargo, contiene “ruido” y un drama insoluble: la debilidad humana. El orden perfecto despierta reminiscencias dictatoriales, esbozando a un detestable prometeo que decide por otros cómo vivir y vestir. La sola proximidad de “orden” basta para provocar, a priori, rebelión. Este rechazo, sin embargo, es típicamente adolescente, es pataleta de quien afirma su identidad contrariando cualquier voz que pueda imponerle, proponerle o sólo sugerirle alguna noción de orden mínimo que funda los actos humanos en comunidad. La cuestión son los absolutos, los fanatismos, los baños de sangre y los espacios críticos que justifican alguna rebelión, y si acaso la rebelión misma representa otro absoluto más, indeseable por fondo y forma.

Sólo es posible fanatismo en quien, con ojos de sicópata, mira al mundo circundante como una gran colmena que le provee su miel. Si algún fanatismo podemos permitirnos sin culpa es el odio superlativo al fanatismo, con una sutil advertencia: amar al fanático, o no vale.

Ni 60% ni 40%, el 100% de la Comunidad Humana

Las pasiones políticas, de suyo irreflexivas como las de una hinchada deportiva, se identifican con símbolos y caudillos y detestan el ejercicio de la razón porque pone en evidencia sus vacíos. Se hace difícil presentar un contenido racional a personas dispuestas a todo, incluso a los más graves vicios lógicos, éticos y morales, para destrozar argumentos o la honra de quien propone algo diferente a sus preferencias emocionales. Bien mirado, esta actitud es esperable en adolescentes que buscan la patota, que se fanatizan con bardos de turno y se organizan en hampas para destrozar lo que consideran amenaza, pero una persona con derecho a voto ya es adulta, no es adolescente, al menos en teoría… ¿Es que debemos reconocer un cuadro de inmadurez colectiva, de eterna adolescencia, una vocación de malcriados con pataleta?

El voto no es un fin en sí mismo, aunque se le presente como fin al asignarle el carácter simbólico de expresión popular o democrática; el fin, entonces, es la expresión soberana de la sociedad organizada, y el voto un medio para conseguir este fin; este medio nos aparece a la razón como el único existente, pero en cualquier caso es perfectible y pueden existir otros. Lo importante, trascendiendo el voto y el candidato, sigue siendo la conducción de la institucionalidad comunitaria: debe restaurarse un sentido de proporción entre importancia de nuestra institucionalidad y cualidades del conductor de ésta.

Promesas Incumplidas

No, no es una columna acerca de política. Ahora que estamos cerca de elecciones todo el mundo es analista político, cuando hay fútbol todos son mejor técnico que el técnico. Y así nos vamos.

Como dije, no vengo a hablar de esas cosas sino que quiero hacer una reflexión acerca de algo con lo que me he tropezado esta última semana y me ha costado algunos tragos amargos, quedando varios aún por tener antes de poder solucionar el problema. Y no, no es una columna acerca de mis problemas tampoco. Cada uno de mis lectores tendrá suficiente de que preocuparse para además andarse enterando de los problemas ajenos.

¿Alguna vez reflexionamos acerca de la cantidad de promesas que hacemos? Hacer una promesa no necesariamente implica decir “te prometo” o “te juro”, implica también hacer una afirmación y que otro la tome por cierta, implica asegurar que algo sucederá de un modo y no de otro, que algo se cumplirá en un cierto momento y no en otro. Y así podemos seguir dando ejemplos de lo que yo al menos entiendo por promesa y compromiso.

Carta Lector y Respuesta Director

Señor Director

elgobierno.cl

Estimado Señor:

Me he tomado la libertad de dirigirme a usted para manifestarle mi preocupación, por una parte, y me desazón, por otra, por la larga “sequía” de artículos en su apreciada página.

Ignoro cuantos seguidores tendrá su sitio web pero creo que en todo caso deben estar sintiendo la misma sensación de abandono que el suscrito.

He tratado de explicarme la razón de la prolongada ausencia de sus articulistas permanentes como Franz von Eklektisch o la columna de Pete el Negro, así como las profundas reflexiones del Director, y no acierto a comprender las causas de tal ausencia.

Esa falta de capacidad de entender el fenómeno me ha impulsado, muy a mi pesar, al terreno de las especulaciones. Como usted bien sabe ese es un terreno muy peligroso y pisarlo tiene numerosos e inimaginables riegos.

Así he llegado a pensar que ya no tienen nada que decir, o que todo lo que ocurre les parece de los más normal y no amerita comentario o, y ojalá acierte en mi especulación, han llegado a la conclusión de que ya no vale la pena el esfuerzo en un ambiente tan decadente y degradado.

Un negocio que no comprendo

Como ya he mencionado varias veces, soy un ser por esencia curioso y que gusta de entender las cosas que suceden a su alrededor. Esta curiosidad con algunos derroteros extraños, como querer hacer nitroglicerina en el colegio (con la consecuente cara de espanto y negativa rotunda de profesores), también me ha llevado a cuestionarme muchas cosas, a hacer y hacerme preguntas y sobre todo, a leer harto e intentar informarme de los más variados temas.

Hoy quiero hablar de un negocio que, si bien comprendo, no entiendo. Al menos no llego a entender por qué funciona al revés de los otros negocios y aún así a ninguna autoridad parece importarle, es más, avalan esas conductas y están protegidas con la legislación actual.

En esta diatriba me referiré especialmente a los bancos. Sí, esos que normalmente nadie quiere pero que casi inapelablemente participan de nuestra existencia. Nadie dudará que los bancos son necesarios, puesto que si no tengo dinero para comprar mi casa al contado, pues ellos gentilmente me la prestan a una determinada tasa, por un determinado número de años.

La Herencia que no quiero

Las herencias siempre han sido puntos de inflexión en la historia de la gente. A veces son un premio, otras veces un castigo. Quién no ha escuchado los temores de algunos en contrariar a sus padres puesto que los “sacarán” de la herencia (por favor lean algo de Leyes). O familias deshechas por pelearse unos cuantos pesos o muebles que quedaron de alguien. También hay herencias buenas, como el cariño que nos dejan algunos en el camino.

Hoy hablare de una herencia que si bien está a la mano y puedo tomarla, no la quiero. Eso no signifique que ignore su existencia, todo lo contrario, me esfuerzo por conocerla mejor. Pero simplemente no la quiero.

En esta columna hablo única y exclusivamente a título personal, sólo personal y nada más que personal. A qué viene esta explicación, pues simplemente puedo hablar por mí mismo y por nadie más, no he recibido ningún mandato ni autorización para hablar en nombre de nadie. Nada más simple, ¿cierto? Así mismo tampoco he pedido que alguien hable en mi nombre, nunca. Y no es que no vote.

Consideraciones acerca de una libertad de enseñanza mal entendida

Introducción

Curiosamente, la Reforma Educacional más importante que se le ha realizado a nuestro sistema y estructura institucional, es una que no ha merecido el nombre de tal (Bellei et al, 2010). Silenciosamente, respondiendo a movimientos ciudadanos, la presidenta Bachelet llamó a expertos a un proceso consultivo y con el informe técnico que éstos produjeron, se reunieron las cúpulas de las coaliciones mayoritarias para consensuar las leyes que fortalecerían la educación pública y propondrían un cambio estructural para mejorar la calidad de la educación en Chile (Consejo Asesor para la Calidad de la Educación, 2006). Hoy el gobierno del presidente Piñera gobierna con esas leyes heredadas de este “proceso de mejora” y a medida que se implementan las regulaciones (Ley General de Educación, Ley SEP, ley de Aseguramiento de la Calidad y la Equidad, programa INICIA) se espera que el cambio a la estructura del sistema escolar consolide estos ajustes y posibilite un progreso curricular más ajustado a la calidad educativa que se persigue (Beyer & Velasco, 2010).

Hacia Dónde Vamos

Hace poco y a raíz de algo completamente personal me hicieron la siguiente pregunta: ¿dónde quieres estar en 5, 10 o 20 años? Y se me vino el mundo encima. No porque me haya sentido viejo, es porque esa pregunta no me la había hecho y la encontré bien significativa. ¿Realmente cuantos nos preguntamos eso? Lo digo en todo sentido, como proyecto de vida profesional, familiar, etc.

Como soy medio curioso, empecé a ver si mi entorno se cuestionaba lo mismo. Me refiero a mi entorno familiar, de amistades y laboral. Me encontré con que en general todos hacen proyecciones pero más a corto plazo. Estamos inmersos en sobrevivir el día, el mes y quizás el año. Lo que pase después se verá en el camino, vivimos el día a día sin proyectarnos mayormente.

Si bien el que las personas no proyecten me asombró sobremanera, partiendo por mi propia ceguera, me asombró más aún verlo en las empresas. Si, hacen planes anuales, trienales y quinquenales. Pero si se revisan más en detalle veremos que son planes que apuntan a un crecimiento de X%, expansión hacia tal área, región o país (o sea crecimiento de X%), etc. Si miramos lo que debería ser la luz al final del túnel de las empresas, que son su misión y visión, veremos que en casi la totalidad (no voy a decir todas, pero aún no encuentro ninguna que no tenga las palabras que diré a continuación) se resumen en básicamente ser “el mejor”, el “más importante”, el “más valioso”, el “más grande”.

Votos, Votantes y Oligarcas

Dos miradas posibles a los procesos electorales, una abstracta e ideal, que define sentido del ejercicio de votar, se encuentra con otra concreta cuyos rasgos nada ideales pueden llegar a contradecir su sentido abstracto. El matrimonio mal avenido entre lo abstracto y lo concreto puede derivar en divorcio entre los grandes señores de la política y los votantes: ¡crisis institucional!

Muchos -de sensibilidad rococó- declaran durante las elecciones “fue una fiesta republicana”, “fue impecable”, porque no hubo muertos, heridos, contusos ni urnas manipuladas, ni votos falsos. A esos les replican ojos críticos: quienes rehusan votar, anulan su voto, o están traspasados por la ardiente espada de ideales reñidos con la triste realidad de la debilidad humana; para éstos sólo cabe vergüenza. Ambas “verdades”, forma y fondo, conviven pacíficamente mientras hay pan y circo.

La Columna de Pete el Negro Año 3 Nº 1

Ya cayó un General. Pero no basta. El coro vociferante de una plebe ignorante y malintencionada quiere más. Y lo tendrá. El dedo condenatorio del César oirá al circo y sellará nuevas sentencias de muerte. No bastó con la sangre de un lamentable accidente aéreo.

Hace muy pocos días cayó en el sur un avión con varios pasajeros, sin sobrevivientes. Sin contar a los familiares ¿a quién le importó? Nuestra querida prensa no ha demostrado mayor interés por conocer las causas del accidente. Tampoco nuestros políticos. Es que se trataba de un avión civil, no era de la Fuerza Aérea. Las razones sicológicas y políticas de la diferencia, aparte de los conspicuos pasajeros, se la dejo al lector. Yo tengo las mías. Para mí.

Aquí se han cometido errores, se afirma en tono solemne. Miren que novedad. Sepa usted que los aviones se caen sólo y exclusivamente por uno o varios errores. Nunca se caen por “mala suerte”.

“La Cuestión Social”

Algunos años atrás celebramos con un gran hombre en Lima, Perú, un diálogo acerca del efecto que tendrían las grandes tiendas recién instaladas allá en el endeudamiento privado suntuario de personas económicamente vulnerables.

Expliqué entonces que ellas dirigían sus esfuerzos a conquistar el mayor margen posible de endeudamiento de pequeños pagadores, entre ellos los recién llegados a la vida adulta; en esta operación, tras el aparente beneficio de acceso a bienes suntuarios, había un elemento perverso: tentar con bienes a gastar dinero aún no ganado, y luego cobrar un alto precio por la venta de dinero anulando la aparente baratura o facilidad en el acceso a bienes.

Como efectos de esta operación comercial mencioné que una sideral asimetría en las economías de escala dejaba fuera de competencia, por definición, al comercio detallista haciéndolo desaparecer, ¡concentrando la riqueza por la vía del monopolio!; por otro lado -el lado del deudor-, superado cierto nivel de endeudamiento, el pago de mensualidades prácticamente no dejaba dinero disponible para una subsistencia digna, para formar familia o criar hijos propios o ¡para educarse! Entonces, apelando al hambre de bienes (explotando causas nefastas de esta compulsión como el narcisismo), se hacía un daño objetivo al desarrollo personal, familiar y social (se provocaban tensiones tremendas entre cónyuges, se incentivaba el abandono de los hijos…), que por invisible no era menos grave.

El Pusilánime Complaciente

Redactando un correo el día de hoy se me ocurrió ese término. ¿A raíz de que?, pues de lo que significa ser verdadero y honesto. Eso tiene costos altísimos, sin duda los he sufrido en forma descarnada, claro que al mismo tiempo se logra bastante paz interior.

¿Por qué vamos como polilla a la luz cuando alguien nos dice lo que queremos oír y al mismo tiempo arrancamos de aquellos que nos dicen lo que debemos oír? A lo mejor es el miedo, ese pánico que tenemos de vernos a nosotros mismos como un ser que dista mucho de la perfección, que se equivoca, que juzga mal, que es vulnerable y está necesitado. Claro, nos mentimos a nosotros mismos, nos creemos nuestras propias mentiras, es más fácil vivir de esa forma tan satisfactoria y liviana. Señores, con ustedes el Pusilánime Complaciente. No me digan que no se ven retratados a sí mismos en esa imagen, o no ven a muchos (si es que no todos) sus conocidos. O al menos de los que saben que se están mintiendo. ¿Es mejor tener amigos que nos dicen cosas bonitas? ¿O es mejor tener amigos que nos dicen cuando hemos errado miserablemente? Yo prefiero los segundos, son poquitos y me significan un tremendo soporte puesto que me hacen volver a la realidad, me sacan de esa “comodidad” de ser Pusilánime Complaciente y me entregan un espejo donde no me veo como el más bonito, sino como quién soy (con dermatitis, mal afeitado, ojeroso, algunas arrugas, otras nuevas canas, etc.).

¿Aborto Terapéutico?

Según quedó fundado en la doctrina Cumplido-Pacheco, ratificada por el Congreso al abolir la pena de muerte, la vida humana no está disponible a los legisladores porque nuestro ordenamiento jurídico reconoce límites; sólo la primera autoridad de la nación puede disponer de algo tan esencial como la vida humana ante amenazas gravísimas al bien común, basada en causales y restricciones estrictamente normadas.

Nuestra constitución y nuestras leyes reconocen como única dirección posible defender a la persona humana penalizando todo acto que la amenace en su vida, subsistencia o realización; además, esta defensa debe hacerse en el contexto que la Constitución Política exige: la igualdad ante la ley, lo que por definición excluye discriminación positiva o negativa. He aquí el valor mayor que ha sido encomendado a vuestro cuidado.

Ahora bien, ¿porqué algún valor podría considerarse superior en todo orden? Más allá de creencias religiosas, de horizontes filosóficos o de doctrinas jurídicas, hay un hecho cierto: “comunidad humana” no es sinónimo de “sociedad humana”; la sociedad es subalterna a la comunidad y a cada individuo que la compone, y está a su servicio; la sociedad no puede de manera alguna tornarse contra un individuo o la comunidad.

Orden y Caos

Las palabras son vehículos que transportan contenidos conceptuales desde quien transmite hacia quien recibe. Reconocer en todo ser humano la capacidad de razón impone a este transporte la condición de bilateralidad; sólo el desprecio a quien percibe o una megalomanía absolutista podría pretender una dirección unilateral. Quien sea agredido con el desprecio o la subordinación absolutista rehusará su inferioridad y reclamará su paridad, provocando fricción.

Las palabras en sí mismas, sin embargo, pueden ser causa de fricción si se les han asignado contenidos equívocos y hasta contradictorios, obstruyendo el viaje de un concepto hacia destino. La ignorancia, el empobrecimiento del lenguaje, su uso abusivo, y la arrogancia invencible de quien ejerce derechos ilegítimos sobre cuanto contienen las palabras, son agentes de deformación de su sentido y, por tanto, causa de esterilidad en el diálogo y el entendimiento.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Desde hace un tiempo no veo noticias, ustedes ya están enterados que no es un deporte que guste jugar. Ahora, eso no quiere decir que no esté enterado de cosas. Si, es cierto, quizás me entero de menos cosas de las que se supone debería estar enterado, claro que eso no me quita el sueño en lo más mínimo. Tengo muchísimas otras preocupaciones a las cuales poder echar la culpa de algún problema para dormir, de alimentación o del colon; afortunadamente no sufro de ninguna de esas “panas” (salvo la insulina un poco alta y bajando).

Esto de enterarme de menos cosas, pensé, me generaría un cierto cuadro angustioso o ansioso, afortunadamente no fue así. Todo lo contrario, me siento mejor que nunca y en las pocas ocasiones que veo noticias me da una grave sensación de que esto lo he visto antes, y lo sigo viendo, y lo sigo viendo, y así hasta el infinito. Tal parece que nuestra estupidez nos condena a tropezar permanentemente ¡con la misma piedra! Además este es un camino con infinidad de piedras con las cuáles tropezarse, y a algunos les gusta andar trastabillando continuamente.

Felis Catus Campesino

No se si alguno de los distinguidos articulistas de la WEB ELGOBIERNO, ha vivido o vive en el medio rural; específicamente en el campo.

Yo sí toda mi larga vida, a excepción de mis años de estudiante, y 4 años que colaboré con el gobierno del PALETA, amén de otras actividades que hacían imperiosa mi presencia semanal en Santiago.

Pues bien; como se comprenderá, restándole unos 30 años a los 81 que tengo, “estaría” facultado para hablar con propiedad y conocimiento sobre la evolución que ha experimentado la vida campesina en sus más variados aspectos; pero como parece ser que a pocos interesa el tema y, que en general se da por sentado que los campesinos gozamos de una vida bucólica, que nos hartamos de asados copiosamente regados, en fin, que disfrutamos de una vida regalada, me inclino por no hacer esfuerzo alguno para cambiar la imagen que de nuestro vivir se tiene.

Pero hay ciertos aspectos ligados muy íntimamente a nuestras vidas que pienso es bueno sean conocidos.

El campesino es una especie, entre los humanos, extraordinariamente limpia.

Quien observe las más humildes viviendas, verá la comprobación de ello en varios signos; por ejemplo, barren el patio de tierra; los utensillos domésticos, que siguen siendo de aluminio o latón y no de acero inoxdidable, están siempre bruñidos, y, lo que más me llama la atención, es ver flamear la ropa recién lavada, colgada de unos alambres y sujeta a él con unos perros de madera.

¿El Fin del Mundo?

Además del milenarismo, engendro de parentesco cristiano, muchas culturas auguraron puntos de quiebre históricos con carácter apocalíptico. El favor de uno o varios dioses caduca, según agoreros –intérpretes de escritos revelados, iluminados o lectores de los astros-, el planeta caduca, tiempo y espacio caducan dramáticamente. El procedimiento remata en un juicio final.

El arreligioso puede creer fácilmente teorías apocalípticas si le ofrecen argumentos cósmicos de peso aparente: asteroide nos impacta, extinción del sol, colapso o desequilibrio en la tierra que imposibilite la vida. Nada de esto requiere la voluntad destructora de un dios para suceder, y el efecto es el mismo: el fin. Hoy se habla mucho del final. Las turbias aguas de la profecía reúnen a mayas, Nostradamus y al mismo Juan Evangelista; en las inciertas tierras de la ciencia peregrinan agoreros anunciando guerra o desastre nuclear, epidemia, meteorito, colapso climático-ambiental, destrucción del planeta tierra, o ¡un encuentro con extraterrestres! Entre mitos e incertidumbres, el guiso sugiere la cercanía del fin.

Ingenuidad

No me cabe otra palabra para describir lo que veo normalmente en diarios y noticiarios. Así de simple. Más evidente se hace cuando vemos a políticos de turno y contraturno dando declaraciones.

¡Paren las prensas! Alguien dará una declaración… El tipo intenta parecer serio y sesudo, no dudo de que se ha preparado y estudiado lo que va a decir, contrató asesores, consultó a colegas y correligionarios. Pero no hay caso, lo usual es que digan algo tan, pero tan evidente, que no había ninguna necesidad de decirlo. Es más, decirlo resulta casi una puñalada al pudor y al intelecto de los lectores o televidentes.

¿Por qué pasa esto? Es una verdadera tortura que, siendo bien honesto, me ha alejado de los noticieros (aparte de su ridícula extensión y reportajes cebolleros). De la prensa escrita no puedo hablar mucho mejor. De un diario bastante extenso y de varios cuerpos, en un buen día rescato 5 o 6 noticias. El resto del periódico es muy bueno para tapar el sol cuando viajo en auto o para envolver cosas que estoy guardando.

En el jardín de niños

Debo confesarlo, soy culpable. A veces, cuando sufro de debilidad, veo las noticias. Si, así como leen. Por desgracia para poder escribir debo estar medianamente actualizado en el acontecer nacional, aunque esa forma de enterarse resulte tan intelectualmente detestable y vomitiva. Es por así decirlo un laxante intelectual, pero quedemos en que a veces es bueno que pase.

Esta última semana nos han dado mucho material, a todos, sobre lo cual reflexionar.

Hemos visto un tremendo terremoto en nuestra clase dirigente. Uno pensaba que tenía un amigo, pero era amigo un poco por conveniencia más que porque en realidad así lo deseaba. Resulta que ese “no tan amigo” conversó con otro que no es amigo del primero, pero tampoco enemigo, y quedó la toletole. Ahora todos están del moño, ofendidos, dando explicaciones que no deben dar, pidiendo disculpas que no vienen al caso y todos mostrándose los dientes, cual leva de perros lujuriosos.

Mediciones

El otro día, probablemente pensando en la inmortalidad del cangrejo, me percaté de esto. Estamos, todos, permanentemente midiendo y midiéndonos. Es como si todo fuera una maldita competencia. Es cierto, el ser humano es competitivo pero estamos llegando a límites enfermizos que rayan la insalubridad mental. Claro, otra de las tantas insalubridades mentales que tenemos. Claro que si enfermamos de la mente me queda un consuelo, al menos desde el punto de vista físico, existe “algo” entre nuestras orejas. El nivel de utilización de ese “algo” es más largo de discutir, pero ese es otro tema.

Retomando mi reflexión, quise profundizarla a ver que resultaba. Y me asusté más. Desde que somos un feto se nos está midiendo, el tamaño, los latidos del corazón y varios parámetros médicos. Para que ahondar al nacer, nos mueven y manipulan como trozo de carne en vitrina, nos hacen numerosas mediciones y finalmente nos entregan a nuestra madre, que también nos mide. Claro que parámetros más subjetivos (puesto que todos somos bellos ante los ojos de nuestra madre, así haya parido una gárgola, con alas y todo). Posteriormente nos miden nuestros familiares y nos comparan con los recién nacidos de los que tengan recuerdo. Nosotros no podemos medir puesto que aún no contamos con ningún tipo de discernimiento. Pero apenas lo tenemos ya nos medimos. Quién tiene el papá más importante, quién la casa más linda, quién se saca mejores notas o quién corre más rápido. Tal parece que está en nuestra naturaleza medirnos y compararnos con el resto.

Trascendencia

Tomen esto como una reflexión de fin de año, tarea usual por estas fechas. El problema es que todos reflexionan pero acerca de cosas tan mundanas que no tienen ninguna importancia, como quién tiene más seguidores en Twitter o cuál fue el escándalo de mayor envergadura. Como ven, cero aporte ir en esa dirección.

Considero vital plantearse este asunto de la trascendencia. Es bien importante la verdad, pues define cómo seremos recordados, si es que somos recordados. Lo usual es que el recuerdo de una persona en particular apenas llegue a los bisnietos y se busca con gran esfuerzo prolongar esa “existencia”. Todos somos, más o menos, un cúmulo de buenas intenciones y un sinfín de errores, eso nos separa de la flora y fauna circundante, cuyo único propósito es crecer, procrearse y morir sirviendo de alimento para la nueva generación. Nuestra racionalidad nos ha llevado a pensar cosas que van más allá que eso.

Ha habido personas que han logrado la trascendencia a través de sus obras de arte, arquitectónicas, literarias o de pensamiento. Otros a través de grandes descubrimientos o hallazgos científicos. Existe de todo, para gusto del consumidor.

La Verdadera Basura

Ecología, huella de carbono, medio ambiente, cambio climático y protocolo de Kioto, son expresiones que portan tristes novedades apocalípticas: amenazas a nuestra subsistencia en el futuro inmediato. Expertos y líderes creen dar respuestas coherentes definiendo cuotas de “derecho a contaminar”, transables en el mercado, que permiten a monstruos como EEUU sostener su triste nivel de emisión de basura comprando cuotas de quienes contaminamos menos. Se encarece el combustible fósil, la energía y el uso del agua.

Las personas que no están en el club del gran capital y que viven de su tierra o su trabajo se empobrecen cada vez más porque desde algún misterioso oráculo fariseo les vigilan y evalúan, ponen nota, certifican o rajan, según exigencias y burocracias carísimas e inalcanzables para el hombre común. Al agricultor y campesino –lo hemos dicho- ya no se le permiten gallinas, perros, ovejas, caballos ni vacunos en sus huertos de exportación. El hombre común debe comprar todos sus alimentos en los supermercados.

Hasta hace poco esto era diferente: lana, cuero, carne, granos, solanáceas, se producían en la propia tierra; no se requería movilidad ni dinero para subsistir invierno y verano; entre humo, vinagre, lejía, azúcar y sal, las personas podían conservar sus alimentos; en las casas se guardaba el crin de caballo para hacer colchones (exquisitos) y adobes de óptima calidad que resistían terremotos. En 3 décadas pocos recuerdan esto. Todos los seres humanos ahora son citadinos, pues requieren del gran retail para sostenerse.

Personalidad y Carácter

Lindas palabras, ambas muy similares, ¿o no? Hoy mucha gente se jacta de tener “perso”, ser “choro” y “dejar callado al resto”. O de mostrar muchísima personalidad en las situaciones más inverosímiles. Pero todo esto tiene bastantes elementos de la prepotencia, como ya mencioné en una columna anterior. Y por supuesto esta gente abunda.

Por otro lado, el carácter rezuma sabiduría, conocimiento, autocontrol y liderazgo. Por desgracia personajes con esta característica se ven cada vez menos y escasean. Me dejaría bastante más tranquilo que abundaran.

Nuestra vertiginosa vida actual no da espacio a mucha reflexión, entre que tomamos desayuno, debemos llegar a la hora a algún lugar, cumplir con numerosos compromisos y deberes (muchos autoimpuestos absurdamente), además de un largo etc. No crean que mi vida es muy distinta, eso sí, como soy ingeniero, procuro ir eliminando la grasa de mi existencia (la de mi cuerpo resulta mucho más compleja de eliminar). Esta sistemática reingeniería y mejora continua me permiten ciertos lujos, como precisamente escribir esta columna. Bueno, me estoy yendo por las ramas y ahora se vuelve confuso el por qué del título de esta columna.

La Columna de Pete el Negro, Año 2 Nº 35

Un atento correo de una querida amiga me recordó el compromiso que había adquirido de publicar esta columna con cierta regularidad.

Aunque tal compromiso lo adquirí con mi propia persona y con nadie más, resultó finalmente en un compromiso, involuntario pero real, con mis tres o cuatro fieles lectores. De modo que aquí estoy.

Inicialmente esta columna estaba destinada a comentar, literalmente, cualquier cosa, pero devino en una columna de comentarios sobre la contingencia nacional, particularmente política.

Como deslicé en alguna columna anterior, el acontecer nacional hace cada vez más difícil hacer comentarios positivos y optimistas, naturalmente se me ha hecho muy difícil mantener el “ritmo”.

Esta larga explicación sólo me interesa a mi, así es que ruego disculpar la lata. A mi me sirve.

En fin, la realidad está ahí, y no hay modo de esconderla o soslayarla de tal manera que aunque ya no sea un “divertimento” la comentaremos igual.

Exijo una explicación

Creo que esta semana he recuperado mi capacidad de asombro. Hemos visto, creo que todos, como se homenajeó a “alguien” en “alguna parte”. Da lo mismo quién, pero lo relevante es que al personaje se le acusa básicamente de ser violento. Creo que manifestarse en contra de alguien con quién no comparto sus puntos de vista es sumamente válido, es de hecho un ejercicio que hacemos en forma bastante frecuente en nuestro Directorio, siendo nuestro único punto en común el cariño por un vino bien compartido. Pero manifestarse en contra de la violencia ejerciéndola, es sin duda un sinsentido y anula cualquier tipo de argumento que se tenga, por válido que sea.

Nuestra corta historia republicana no ha estado exenta de numerosas reyertas y conflictos. Unos más grandes que otros, otros más sangrientos que unos. Creo que casi todos lo sabemos (o al menos deberíamos). La violencia es sin duda un ingrato compañero de viaje, pero también es algo bastante incrustado dentro del ADN de cualquier Homo Sapiens Sapiens (como dije anteriormente, cada vez menos Sapiens). Ha sido la tónica desde que somos seres gregarios el que nos demos de palos y coscachos con el vecino o dentro de nuestro propio grupo. Siempre ha sido así y por lo visto así seguirá siendo. Ojalá que no por mucho tiempo más, pero sin duda este lamentable espectáculo nos demuestra que nuestros avances son sólo en unos pocos campos más superficiales. En el fondo, seguimos siendo los mismos brutos que conquistaban a su mujer por la vía de un TEC cerrado.

Un Cambio de Enfoque

Mucho se ha hablado el último tiempo de las empresas, cosas negativas por cierto. Ahora, es necesario hacer alguna precisión respecto del concepto de empresa: es una organización que busca obtener el mayor beneficio utilizando unos recursos determinados. Estos recursos pueden ser dinero, humanos, cosas, etc. También existen empresas con y sin fines de lucro, aunque en esta columna me referiré más particularmente a las primeras pero con alcances a las segundas.

En lo legal, una empresa es una persona jurídica. En tanto persona, tiene derechos y deberes, no los mismos que una personal natural pues no tiene cuerpo, entre otras cosas. Nadie duda que las empresas defienden con ahínco sus derechos, pero cuando se trata de deberes la cosa se vuelve un poco más laxa y sujeta a interpretaciones, pero a nadie parece importarle mucho (me refiero a los que debería importarles mucho).

¿Por qué es esto importante? Ni siquiera es importante, es fundamental. ¿Me excedí? No, y ni siquiera lo creo, lo afirmo. ¿Por qué todo esto que digo? Si jurídicamente damos a una empresa, cualquiera sea su intención y naturaleza, el carácter de persona, entonces debemos asumir que dicha empresa es un actor social más. Esto lo deben entender quienes hacen empresa, los que las regulan y además la sociedad entera.

Ciencias y Artes

Actualmente existen numerosas áreas del conocimiento, algunas exactas, otras no mucho y varias son dedicadas a otros temas que no requieren la exactitud de las ciencias. Esto, además de las artes en toda su gama de opciones.

Dentro de las exactas tenemos las matemáticas, física, astronomía, química, etc. Se les llama exactas porque sus resultados son así, tan exactos que no resisten apelación alguna. Estas ciencias son fundamentales para nuestro desarrollo. La física describe los que sucede a nuestro alrededor, ayudado con las matemáticas que le dan sentido lógico y numérico, por lo que se vuelve cuantificable. La química hace lo mismo, pero describiendo cómo interactúan las cosas entre sí, también con una base matemática. La astronomía describe los astros, y así muchas otras ciencias.

Las no tan exactas son por ejemplo la economía, puesto que describe fenómenos de interacción humana. Proyecta lo que sucederá en el futuro según los datos presentes y describe con gran precisión lo que ya ha sucedido. Digo que no es tan exacta porque sus proyecciones no siempre son acertadas, para resolver como se comportará la interacción humana a futuro no hay receta conocida. Otra ciencia no tan exacta es la sociología, puesto que hace algo similar a la economía pero sin el factor dinero. Como en el caso anterior, así se puede enumerar varias otras ciencias y no es mi intención dar la lata con eso.

EMPATÍA

Camina un rato con mis zapatos

Proverbio Indio

Lo primero sería definir el concepto, en su definición principal es:”la capacidad de sentir lo que el otro siente y ser capaz de asumir y entender su posición”. Hay algunas variaciones dependiendo de quién lo define, pero básicamente esa es la definición mas aceptada. Normalmente se inserta dentro de los estudios y textos de Inteligencia Emocional.

Demás está decir que esta palabra se ve muy bonita en los textos pero su aplicación práctica tiende a cero. Esta tremenda y necesaria capacidad está en franca retirada, baste ver numerosos enfrentamientos y conatos entre los múltiples bandos y adversarios que han crecido con abismante facilidad el último período. ¿Es necesario sentir lo que el otro siente? Creo que es fundamental para poder desarrollar relaciones exitosas en los medios que nos desenvolvemos, además de ser necesario para llevar a exitoso término cualquier tipo de negociación o relación.

Nadie Sabe Para Quién Trabaja

En el último año hemos visto numerosas protestas, indignados y reclamos a nivel mundial, todos contra, palabras o palabras menos, el poder del dinero. Se ha hecho común estar en contra del lucro. Sea éste en el mundo financiero, educacional, bancario, retail, y un largo etc. Creo que coincido con muchos de los reclamos, se ha abusado, mucho y por largo tiempo. Es natural que la gente en algún momento se aburra y diga “hasta cuándo”.

En esta columna quisiera ahondar un poco acerca de la génesis de todo este lío, porque de alguna forma tiene que haber comenzado. Es mi teoría, errada o no, creo que al menos se hace el intento.

¿Por qué parte todo esto? Pues bien, las empresas nunca han sido instituciones de beneficencia. Eso está bien, puesto que así crecen, dan más empleo, producen más cosas y todo el mundo mejora su nivel de vida. El lucro, así planteado, creo que no tendría ningún opositor.

¿El Fin de la Privacidad?

El Registro Civil quería incorporar información tan sensible como la médica en una nueva versión del carnet de identidad; el Gobierno monitorea las redes sociales para saber que se dice de ellos; las redes sociales en si mismas; hoy leo una noticia que empresas de tarjetas de crédito quieren vender las bases de datos de qué; dónde y cuándo compran sus clientes; banca, retail y partidos políticos compran padrones electorales para poder identificar a sus votantes; dar nuestro RUT hasta para comprar el pan o leer un diario en internet; y así un largo etc.

¿Estamos ad-portas de una total pérdida de nuestra privacidad?

Hoy el mayor recurso mundial no es una materia prima ni algún tesoro fabuloso, es la información. Nada es más valioso que saber qué le gusta o disgusta a cada quién, para saber entregarle “lo que quiere”. Hasta ahí todo bien, se supone que así cada uno tendría acceso (vía pago total o crédito) al bien o servicio que no ofertan. Por bien o servicio favor también considerar la política. Si me informo de lo disponible, y tengo posibilidad de acceder a eso, fantástico. Puedo satisfacer alguna necesidad, real o creada. Nada más prístino en el negocio.

CAMBIO CULTURAL, CONFIANZAS Y ELECCIONES MUNICIPALES

Contra toda predicción –podría decir algún lector con absoluta legitimidad- ya existe en la sociedad chilena la conciencia de que vivimos un momento de complejidades sociales y políticas no resueltas, tanto heredadas como presentes. La crisis de “confianza” en las instituciones principalmente y con las sabidas consecuencias que esto implica es una voz de alerta que no podemos obviar.

Los datos estadísticos, por sí mismos, no tienen valor absoluto e irrefutable. Sin embargo, nos presentan una “radiografía” de lo que está sucediendo más allá de las limitaciones propias de un estudio y análisis según quien lo realice, examine y bajo qué “ideología” o “visión de la realidad” se saquen sus conclusiones. Lo que sí es claro son los datos “duros” que dejan constancia de una crisis de confianza. El problema arriba enunciado invita a pensar con altura de miras qué hacer para resolver los conflictos del presente y como construir el futuro.

A mi juicio – respetando las opiniones divergentes – creo que la gravedad radica en una “crisis cultural”. Vivimos una “revolución” que se expande a nivel planetario. En otras palabras, quienes influyan decisivamente en la manera de “pensar y sentir” del país son los que lograrán plasmar su cultura política, social y valórica. Recordando a Gramsci, la conquista de la “hegemonía social” llevará a la “hegemonía política”, sin hacer uso de la fuerza – aunque algunos sigan en esa convicción de Marx como instrumento del cambio social y político. El cambio cultural tiene entonces premisas bien precisas y determinadas. Y cuando esos fundamentos son “ideológicos” como lo entiende la ciencia política como fórmula de conquistar el poder, entonces, de alguna manera ya están pre-establecidos. Sólo falta seguir implementándolos por los propios interesados y actores sociales, buscando sus ventajas y provechos dirán algunos; y soportando sus cargas y consecuencias expresarán, seguramente, otros. Algunos lo pretenden por la fuerza, pero el mismo Gramsci enseñó que la raíz del cambio está en hacer “pensar” a la gente de una manera distinta. Se trata, por tanto, de una revolución de la cultura y de las ideas; y cuando esto sucede los estadillos sociales son muy difíciles de controlar pues ya se “piensa” distinto y la “frustración” se transforma en “rabia” y violencia verbal y de obra.

Condescendencia

Condescendencia.

Hace pocos días, sostuve un diálogo con una persona, -mal podría haberlo sostenido con un semáforo-, que me dejó una sensación desagradable, -el diálogo-, en realidad la persona también, pero me refería al diálogo.

Me puse a pensar a qué podía obedecer la sensación y entre mis divagaciones, -inútiles- de más está decirlo, recordé lo que alguien me había dicho alguna vez sobre ser condescendiente.

En esa oportunidad, bien fuera por mi edad, -a esa fecha-, por mi natural torpeza o bien por cualquier motivo que francamente ni a mi ni a cualquier persona que pueda leer estas líneas, puede resultar relevante, no me detuve a pensar qué significaba ser condescendiente en un sentido amplio. Me quedé con el facilismo de entender que es más o menos algo así como decir “bueno, ya”.

Pues bien, resulta que en esta ocasión me dispuse a indagar sobre la condescendencia en su verdadero significado y partí como hace la gente común y corriente, por el principio.

La Columna de Pete el Negro (Año 2 Nº 34)

Bueno, hasta que lo consiguieron. Lo que tenía que pasar, pasó. El Gobierno (iba a poner Supremo Gobierno, pero me pareció como mucho) ha logrado abrirse un nuevo frente de dificultades, como si tuviera pocos.

Ahora no se les pudo ocurrir nada más inteligente que ponerse a pelear con el Poder Judicial. Es entendible que la gente común responsabilice a los jueces de que los delincuentes salgan en libertad cuando son llevados por las policías y los fiscales a los tribunales, pero no es excusable que lo haga el Gobierno.

Lo que están haciendo los jueces es aplicar la ley y lo que está pasando es lo que permiten las leyes. Si eso no les gusta, cambien las leyes pero no le arrojen la culpa a los jueces. ¿O están insinuando que los jueces están a favor de los delincuentes? Al menos eso parece. ¿Cómo quieren entonces que los jueces no se enojen?

Este problema es la consecuencia de los cambios que se han introducido en los últimos años al sistema procesal penal que es tremendamente “garantista”, a favor de los delincuentes y desfavorable a las víctimas. Eso lo hicieron los políticos, no lo jueces.

EL BICENTENARIO: ¿Una celebración que se quedó en el pasado?

Celebrar el Bicentenario de nuestra patria significó mirar con grandeza de espíritu los gozos y esperanzas en la historia de nuestro pueblo de Chile, pero también sus tristezas y dolores.

En este sentido, la búsqueda de la justicia y de la verdad como fundamento de la paz y del bien común se debería constituir, verdaderamente, en un imperativo para todos. Una tarea ardua sin lugar a dudas, pero una tarea de todos. Sin embargo, parece que sigue pendiente. Si, de todos depende el bienestar y el desarrollo humano y espiritual que deseamos entregar a las futuras generaciones. Los hombres y mujeres de ayer y de hoy tenemos la hermosa y no fácil tarea de invitar a todos los chilenos a construir un país de hermanos. No obstante, las actuales circunstancias de conmoción y conflicto social ponen un signo de pregunta ante el desafío de la justicia, la verdad y la paz pues se resquebrajan las relaciones humanas fraternales y no se cierran las puertas de los conflictos que desgarran el alma nacional. El otro ya no es mi hermano con quien puedo dialogar sino un enemigo a quien debo enfrentar. Es decir, cada uno en su propia “trinchera”. Y dejamos de ser un país de hermanos.

La Columna de Pete el Negro (Año 2 Nº 33)

Un alto porcentaje de lectores de esta columna (una hermana y mi hija) me han hecho ver insistentemente (una vez cada una) su extrañeza por la larga ausencia de este observador de su Columna de opinión.

Como están las cosas hoy en nuestra amada patria, he creído conveniente hacer caso de estas peticiones para no arriesgar que pasen a la “vía de los hechos”, procedimiento que ha demostrado su alta eficacia en nuestros días.

En todo caso, y a manera de explicación (que a nadie interesa) les cuento que la ausencia de este escribidor se debió a un breve viaje a Melmak en busca de la paz y tranquilidad que da el hacer caso omiso de las noticias del acontecer nacional. Lamentablemente, a mi regreso, forzado por cierto, me he encontrado con el lamentable espectáculo en que todo sigue exactamente donde lo dejé.

Tal observación sin embargo no me provocó gran congoja por razones que desconozco, pero que sospecho.

¿Indignez Vous?

Acabo de leer Indignez Vous de Stéphane Hessel. Vaya texto, es bien incendiario. Claro, cuando tienes 93 años da lo mismo prender el fuego, total las llamas no te alcanzarán a quemar.

Concluyo en que sólo da un diagnóstico e incita a la “revolución” (por suerte no violenta) pero no aporta soluciones de ningún tipo. No dista mucho del “trabajo” que están haciendo los anarquistas y varios otros. La cosa es desarmar la estructura actual, con la cuál estamos de acuerdo que existen injusticias tremendas y es un sistema sumamente perfectible y que debe ser mejorado, pero no se puede barrer todo y después preguntar qué hacemos ahora que no tenemos nada. Se deben hacer los cambios, urgentemente, pero con responsabilidad y altura de miras. Como se dijo en la última editorial, el problema no es financiero ni académico, es ético y moral. Cuando se tiene, ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué límites me impongo? ¿Hasta dónde soy capaz de llegar para estrujar más dinero y/o poder? Creo que esas preguntas son las que se deben responder, tanto a nivel de sociedad como personal.